lunes, 11 de octubre de 2010

Tus verdades y mentiras

Te vi.

Tus ojos me miraron fijamente.

Sonreí.

Tu cara se asombró.

Pensé que era una casualidad.

Después de varios días y unas sonrisas me hablaste y empezamos a descubrir que algo más nos unía. No eran tus ojos ni mi piel.

Hubo magia entre los dos.

Tu simpatía y sinceridad me cautivaron y me cegaron tanto que llegue a creer que todo era posible.

Creí que cada momento era importante si estabas conmigo.

Poco a poco fuiste descubriendo que yo era capaz de darlo todo por tu bienestar.

Lo único que importaba para mi era saber que todo estaba bien entre los dos.

De pronto descubrí que no sentías lo mismo por mi.

Todo fue un simple juego que perdí.

Tus engaños, tus mentiras, te burlaste sin piedad.

Nunca pensaste que lo que ofrecía era sincero. No valoraste mi presencia.

Hoy te vi de nuevo, y la rabia se apoderó de mí.

Me entristece saber que no te importa jugar con la gente y burlarte de todos, incluyendo a tu familia.

Sería un farsa decir que te odio, la verdad sólo te agradezco haberme enseñado a tener cuidado y a proteger mi corazón.

Espero que la vida no te cobre cada injusticia y daño que has hecho; ni tu vida entregada en sacrificio podría saldar tantas deudas.